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LA MEMORIA SE PUEDE ENTRENAR PARA REDUCIR LOS RIESGOS DE ALZHEIMER



 

La memoria constituye una de nuestras más importantes herramientas en la vida, pues es la responsable del almacenamiento de todo aquello que aprendemos desde nuestros primeros años de vida, y a lo largo de cada etapa de ella; siendo por tanto, parte responsable de nuestra supervivencia, ya que, gracias a aquella información que podemos aprender y almacenar, podemos aprender las actividades básicas de la vida inherentes a la supervivencia, como comer, hablar, caminar, asearnos, desarrollarnos tanto personal como profesionalmente, podemos entablar relaciones afectivas, relaciones profesionales, podemos trabajar para ganarnos la vida, etc.

 

Y qué importante es no solo desarrollar esta habilidad, sino poder mantenerla en el tiempo a lo largo de nuestra vida, ya que, existe un mal relacionado con la memoria que nadie quiere padecer, como lo es el Alzheimer; una enfermedad propia de la edad adulta avanzada en la que el almacenamiento de esas cosas esenciales que hemos aprendido, así como de los recuerdos de nuestras vivencias, se van desvaneciendo y perdiendo para siempre.

 

¿Podemos tan solo imaginar vivir sin recordar algo tan elemental como nuestro nombre? ¿O sin poder recordar nuestra dirección o quiénes son nuestros hijos? ¿O por ejemplo sin poder recordar cómo se hace el oficio que aprendimos para poder subsistir y ganarnos el dinero para poder mantenemos?

 

Parece un escenario bastante aterrador, pero es una realidad que una parte importante de la población mayor sufre. Según datos aproximados, actualmente este mal lo padece entre un 5% a un 8% de la población mundial mayor de 60 años, lo que representa un aproximado de 60 millones de personas de la tercera edad actualmente; porcentaje que va en rápido aumento cada año, con proyecciones de alcanzar los 82 millones de personas para el año 2030 y de 152 millones de personas para el año 2050; lo cual lleva a la necesidad de aplicar acciones inmediatas para reducir esos porcentajes y evitar caer dentro de esas estadísticas.

 

Es importante saber que la memoria puede ser entrenada, ya que, si bien es cierto que hay personas que nacen con una capacidad privilegiada para memorizar lo que aprenden, pues también es cierto que quienes no tienen esa capacidad innata, también pueden desarrollarla mediante el entrenamiento de la mente.

 

Ese entrenamiento consiste en desarrollar el máximo potencial de nuestro cerebro, y eso solo se logra a través de una práctica constante y perseverante en el tiempo, de la habilidad de memorizar, hasta lograr convertirla en un hábito; así como cualquier otra habilidad que deseemos perfeccionar, junto con la práctica de una serie de hábitos diarios que pueden facilitar el rendimiento cognitivo, como los que mencionaremos a continuación, cuya clave para el éxito será, la constancia en la práctica de cada uno.

 

Ejercicios para mejorar la memoria y reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer

  • Mantener pensamientos positivos y creadores. Creernos y reafirmarnos que nuestro cerebro es perfecto y potente, capaz de almacenar toda la información que deseemos, y mantener un buen estado emocional con pensamientos optimistas, ayudará a que se liberen hormonas endorfinas que regulan el estado de ánimo y fomentan el aprendizaje, reduciendo los síntomas de depresión, ansiedad y pesimismo.
  • Mantener la motivación y la atención. Encontrar algo que nos motive a aprender será una clave importante para activar la memoria y almacenar la información. Luego, enfocar toda la atención posible en aquello que queremos aprender y memorizar.
  • Tomar acción en el aprendizaje. Consiste en ser participante activo del proceso de aprendizaje, mediante la investigación, la realización de preguntas, la toma de apuntes, la esquematización, etc., todo lo cual activará las funciones cognitivas y mejorará la capacidad de memorizar.
  • Practicar constantemente lo que se ha aprendido. Consiste en reafirmar constantemente aquello que hemos aprendido, mediante la práctica regular hasta lograr convertirlo en un hábito; lo que permitirá entrenar al cerebro hasta su máximo potencial.
  • Mantener una dieta saludable y balanceada. Es necesario consumir todos los nutrientes que el cuerpo necesita para una correcta función cerebral, como los hidratos de carbono, las grasas saludables, las proteínas, las vitaminas y los minerales. Aunado a ello, existen algunos alimentos que fomentan aún más el rendimiento cerebral, lo que ayuda a preservar las funciones cognitivas y la memoria, como lo son el Omega 3, los frutos secos, los frutos rojos, el sésamo, la cúrcuma, el aceite de oliva extra virgen, el aceite de coco, los granos y harinas integrales, las verduras de hojas verde oscuro, y las frutas, entre otros.
  • Evitar consumir alimentos dañinos como el alcohol, el tabaco, las grasas saturadas y demás sustancias químicas, pues dañan el organismo y reducen las funciones cognitivas.
  • Reducir el consumo de azúcar al mínimo. Varios estudios han demostrado que el azúcar afecta negativamente la formación de la sinapsis en el cerebro, reduciendo las funciones cognitivas y afectando directamente la capacidad de aprender y memorizar.
  • Consumir suficiente agua. Ingerir al menos 2 litros de agua diarias, será ideal para mantener el cuerpo hidratado para que las funciones cerebrales y corporales sean óptimas.
  • Consumir vitaminas y suplementos esenciales para el organismo, será fundamental para el correcto desempeño del cerebro y sus funciones de aprendizaje. Una de las más importantes para la memoria, es el tipo de Omega-3 llamado DHA, que se puede obtener de las semillas o aceite de linaza, semillas de chía, aceite de oliva, aceite de canola, soya, aceite de soya, tofu y nueces.
  • Dormir lo suficiente. Un promedio de 7 a 8 horas diarias de sueño que sea reparador, ayudará a que las funciones cerebrales se reestablezcan. Dormir menos de ese tiempo puede producir un deterioro cognitivo, pérdida de memoria y riesgo de sufrir Alzheimer.
  • Realizar actividad física. El sedentarismo es uno de los peores enemigos no solo del cuerpo sino también de la mente. Por ello, cuando practicamos actividad física, nuestro cerebro libera una gran cantidad de hormonas esenciales para el bienestar físico y mental, todo lo cual ayuda a evitar enfermedades neurodegenerativas como la pérdida de la memoria derivada del Alzheimer.
  • Realizar actividad intelectual constante y regular, como la lectura, los ejercicios de memoria y repetición, los juegos de mesa, los crucigramas, las manualidades, escribir un diario, aprender idiomas, tocar instrumentos, etc., fomentan el desarrollo cognitivo y su mantenimiento en el tiempo.
  • Realizar actividades de relajación y liberación del estrés, como la meditación, el mindfulness, el yoga, etc., ya que fortalecen el sistema nervioso y las funciones cognitivas.

 

Fuentes de información:

who.int

clara.es

 

 

23/11/2021

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