MI ELEFANTE Y YO

 

 

La idea de un elefante cerebral proviene de una metáfora desarrollada por el psicólogo social Jonathan Haidt. Considerando su propia irracionalidad aparente y voluntad dividida, y basándose en milenios de expresión humana de la misma experiencia personal, Haidt propuso que nuestras mentes tienen dos partes:

“La imagen que se me ocurrió a mí mismo, mientras me maravillaba de mi debilidad, fue que era un jinete a lomos de un elefante. Sostengo las riendas en mis manos y, tirando de un lado u otro, puedo decirle al elefante que gire, que se detenga o que se vaya. Puedo dirigir las cosas, pero solo cuando el elefante no tiene deseos propios. Cuando el elefante realmente quiere hacer algo, no soy un rival para él”.

Esa introducción puede hacer que parezca que el jinete es nuestro verdadero yo y que el elefante de alguna manera es menos humano, más exterior, menos nosotros. Pero a medida que Haidt esboza la metáfora, rechaza esa noción: "El jinete es... pensamiento consciente y controlado", explica. "El elefante, por el contrario, es todo lo demás. El elefante incluye sentimientos y reacciones viscerales, emociones e intuiciones". ¿Por qué entonces nos identificamos tan a menudo solo con el jinete?

Debido a que solo podemos ver un pequeño rincón de las vastas operaciones de la mente, nos sorprende cuando surgen impulsos, deseos y tentaciones, aparentemente de la nada. Hacemos pronunciamientos, votos y resoluciones, y luego nos sorprende nuestra propia impotencia para llevarlos a cabo. A veces caemos en la opinión de que estamos luchando con nuestro inconsciente, nuestra identidad o nuestro yo animal. Pero realmente somos todo. Somos el jinete y somos el elefante. [Jonathan Haidt en “La hipótesis de la felicidad”]

Muchos esfuerzos para persuadir a las personas de que consuman tal o cual marca, se han dirigido mucho más a los jinetes que a los elefantes. Eso puede funcionar, pero solo si el elefante (el instinto, la intuición, las emociones) ya está al menos abierto a dirigirse en esa dirección. Para aquellos cuyo elefante está caminando (o en estampida) lejos de su concepto o marca, todas las estadísticas y explicaciones del mundo no serán suficientes para que el jinete cambie las cosas. Persuadirlos es un problema de elefantes, no de jinetes.

 

Tal vez el éxito estará en saber escuchar y cómo comunicarse con el elefante.

 

Colaborador anónimo

 

 

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21/10/2022

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