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EL CUMPLI-MIENTO



 

Nuestra sociedad ha hecho de la apariencia una norma, un estilo de vida, una dictadura... una moda; la superficialidad de la existencia de muchísima gente, sin rumbo, sin perspectivas, sin sentido, y no me refiero solo a lo material, es alimento vitaminado para esta norma.  Se sacrifica todo tipo de profundidad en aras de la lustrosa superficialidad. El dinero alcanza y se “recursea” si es para lustrar aún más esta tan maravillosa superficialidad.

 

Se aparenta salud, se aparenta bienestar, se aparenta status, se aparenta opulencia, poder, se aparenta tranquilidad, se aparenta paz, se aparenta alegría, se aparenta casi todo.

 

Nos hemos acostumbrado a la MENTIRA, y lo pongo con mayúsculas porque forma parte del patrimonio nacional. Lo vivimos a diario, desde las esferas más altas hasta los cinturones de miseria. Lo aceptamos y respiramos a diario, por nuestra piel, por nuestros poros.

 

Mentimos a los amigos, mentimos a la familia, mentimos a la pareja, mentimos a los hijos... y nos mentimos a nosotros mismos.  Queremos ser lo que no somos y no sabemos quiénes somos; a nadie le interesa saber quién es, no importa... importa más lo que aparento ser, mintiendo.

 

El cumpli-miento es bandera nacional: Cumplo con aquello que me demanda la sociedad, pero interiormente miento. Vivo en constante contradicción y enfrentamiento interior... y esto me causa sufrimiento, pero aparento paz y felicidad.

 

Vivo con este hombre o esta mujer, pero de puertas a la calle, porque dentro de mi casa ni lo conozco. No importa, lo que importa es que nos vean juntos: cumpli-miento. Sonrío y me pego a mi pareja, pero interiormente lo detesto. “Qué bonita pareja hacen”, “Que bien se les ve”... gracias, sonrío por fuera; lloro por dentro.  Hacia fuera “todo está bien”, hacia dentro “todo está mal”, pero no tengo la hidalguía ni la valentía de decir “BASTA”, no tengo esa capacidad de hastío para poner un “ALTO” a esta miserable vida y sigo en esta apariencia, en este cumpli-miento.

 

Es en estas situaciones que la gente se va enfermando emocional y mentalmente al vivir una permanente contradicción y al final tener mucha dificultad en diferenciar cuál es la realidad y cuál la fantasía.

¡Cuidado! Mejor temprano que tarde. No esperemos situaciones extremas para “darnos cuenta” de nuestro cuento.

 

¡Despierta alma mía; ya es hora!

 

NOTA EDITORIAL: Si desean aprender más sobre filosofía, psicología y espiritualidad, les recomendamos entrar en la página de Facebook TODOS SOMOS LO MISMO, administrada por el autor de este artículo.

 

 

12/11/2021

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