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DOLORES NEUROPÁTICOS



 

Dra. Caroline Malamud-Kessler

Neuróloga – Neurofisióloga clínica

CMP 44429

RNE. 22050 - 24382

 

Antes de abordar el extenso tema del dolor neuropático, empecemos definiendo al DOLOR como una experiencia sensitiva desagradable, asociada a un daño eminente o potencial en un tejido.

 

Existen dos tipos de dolor:

Dolor nociceptivo

La sensación de dolor depende básicamente de la presencia de unos receptores en los tejidos que, al activarse, generan que percibamos la sensación de dolor.

 

Dolor neuropático

Se genera en respuesta a una lesión o disfunción del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) o periférico (nervios que emergen de la médula espinal e inervan a las diferentes partes de nuestro cuerpo).

 

Características del dolor neuropático

Este tipo de dolor genera una sensación urente (quemazón), de tipo “electricidad”, punzante, y puede ser agudo e intenso, continuo con exacerbaciones, de localización superficial o profunda, y algunas veces puede empeorar con el movimiento. Recordemos además que, dado que el dolor neuropático supone la disfunción del sistema nervioso, puede acompañarse de compromiso motor (debilidad, rigidez, parálisis), sensitivo (adormecimiento, o presencia de sensaciones extrañas de tipo hormigueo o calambre) y también puede generar síntomas autonómicos (sudoración, enrojecimiento de la piel o taquicardia).

 

El dolor neuropático puede generarse espontáneamente (es decir, sin un estímulo que lo evoque), o sentirse luego de un estímulo mecánico (tocar o rozar), térmico (frío o calor) o químico.

 

Causas

No existe una causa única capaz de explicar el dolor neuropático. Las causas más comunes son las enfermedades metabólicas, estando a la cabeza la Diabetes Mellitus. El incremento de la glucosa (azúcar) en la sangre genera un daño a nivel de los vasos sanguíneos que llevan la irrigación a los nervios de las extremidades, provocando una sensación de “adormecimiento”, “hormigueo” o dolor urente en manos y pies, típico de estos pacientes y que se conoce como: Neuropatía diabética. Este daño generalmente se instala muchos años antes del diagnóstico de diabetes.

 

Otra entidad que merece mención es la Neuralgia del trigémino. El trigémino es el nervio que provee sensibilidad al rostro y su afección se caracteriza por episodios paroxísticos de dolor muy intenso (de tipo urente, lancinante) y que se irradian hacia la región de los pómulos y la mandíbula.

 

Existen además otras causas, quizás menos comunes de dolor neuropático, entre las que se encuentran: alcoholismo crónico (con la consecuente deficiencia vitamínica que éste produce), exposición a ciertas sustancias tóxicas o metales pesados, algunos fármacos como los que se usan en la quimioterapia, infecciones por algunos virus (HIV).

 

En pacientes que han sufrido una infección por el virus del herpes, incluso mucho tiempo después de la desaparición de las lesiones de la piel, puede persistir un dolor en la misma zona en la que se ubicaron las vesículas, o también se pueden presentar algunas sensaciones que anteriormente no generaban dolor, como el roce de la ropa o las sábanas sobre la piel, y que ahora se tornan dolorosas. Esta entidad es conocida como: Neuralgia post-herpética.

 

Por otro lado, un antecedente de trauma (golpe) puede generar la compresión de un nervio. Si este nervio permanece comprimido de forma crónica, puede generar una sensación extraña de adormecimiento, hormigueo o dolor neuropático. La compresión más conocida es la del nervio mediano a nivel de la muñeca o Síndrome del túnel carpiano.

 

Además, algunas enfermedades del sistema nervioso central como infartos cerebrales, esclerosis múltiple, o traumas cerebrales, pueden generar también la presencia de un daño a nivel de los centros de la sensación y dolor, generando un dolor neuropático de origen central (es decir de estructuras cerebrales, y no de los nervios que dan la sensibilidad a las extremidades).

 

¿Cómo saber si sufro de un dolor neuropático?

 

Básicamente, debemos intentar describir muy bien sus características tales como:

Localización: ¿Dónde me duele?

Tipo: ¿Cómo me duele?  (quemazón, adormecimiento, punzante…)

Intensidad: ¿Cuánto me duele?

Periodicidad: ¿Cuándo me duele? (siempre, cuando me muevo, cuando reposo, al tacto)

¿Qué lo exacerba o qué lo calma?

¿Cuánto dura?

¿Desde cuándo lo padezco?

 

Un médico neurólogo debe realizar una evaluación e identificar si el dolor se acompaña además de debilidad, compromiso de la sensibilidad en el área afectada, disminución de la masa muscular, entre otras características que le confieren al dolor la etiología de dolor neuropático.

 

Así mismo, en muchos casos es importante determinar la caracterización del daño, su cronicidad, y la realización de seguimiento de estos pacientes, a través de la ejecución de pruebas neurofisiológicas especiales, que estudian en tiempo real la integridad de la estructura nerviosa y son capaces de determinar el tipo, la localización, y la cronicidad del daño de la lesión del nervio.

 

El estudio de Neuroconducción, Velocidad de Conducción Nerviosa o Conducción Nerviosa, mide la velocidad de conducción de un impulso eléctrico a través de un nervio para determinar el daño o destrucción de éste. Además, los Potenciales somatosensoriales permiten medir la actividad eléctrica cerebral en respuesta a estímulos táctiles y son de elección para la evaluación del daño de los nervios a nivel del sistema nervioso central.

 

Recuerden que estos estudios deben ser realizados por un médico neurólogo especializado y capacitado especialmente para el correcto desarrollo e interpretación de dichas pruebas.

 

¿Cuáles son los objetivos del tratamiento?

El objetivo inicial de todo tratamiento debería ser la cura de la causa original del dolor y, por ende, el manejo de los factores que mantienen el dolor, lo cual significa que luego de un estudio etiológico exhaustivo, tenemos que manejar e intentar modificar la causa principal, de ser esto posible. Por ejemplo, el tratamiento quirúrgico de una neuropatía por atrapamiento (el ya mencionado Síndrome del Túnel del Carpo) o el ajuste de la glicemia en un diabético.

 

Posteriormente, orientarnos a un manejo que permita una analgesia permanente y/o completa, o en su defecto un alivio temporal y/o parcial del dolor.

 

El manejo del dolor neuropático habitualmente requiere un equipo multidisciplinario que permita resolver la problemática del dolor desde diferentes ángulos. El tratamiento del dolor neuropático involucra distintas estrategias que dependen de su etiología (la causa del dolor), el paciente y sus comorbilidades, el uso de polifarmacia (es decir, más de un fármaco), entre otras muchas variables.

 

Si usted sufre de algún tipo de dolor (sea éste neuropático o no) POR FAVOR NO SE AUTIOMEDIQUE. Consulte con un médico especialista, quien le realizará una evaluación integral y definirá una terapia acorde a sus necesidades y características individuales.

 

Recuerde que los médicos estamos para servirlos, ayudarlos y aliviarlos siempre.

 

 

23/11/2021

 

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